Racionalidad y respeto

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Juan Antonio Sarasketa – 08/12/2014 –

“Tengo el mejor perro, he colgado el que más piezas, no me sigue nadie en el monte….”, son expresiones en boca de algunos pocos cazadores que salen al campo guiados por el único afán de superar a sus compañeros y contabilizar piezas, convirtiéndose en meros competidores. No es esto evidentemente ser un buen cazador y menos un aceptable compañero. El cazador muy a pesar de estos “number one” y de la fama de exagerado y mentiroso que se le atribuye, normalmente es un hombre de vivencias, nada arrogante. La vanidad puede valer malamente para alardear en los bares y engañar a cuatro incautos. Son estos voceras los verdaderos enemigos de los cazadores de bien; los que aportan carnaza a los detractores de la caza para bailarle el agua a los medios de difusión. Más valdría que se queden en sus casas a competir con la señora o a descargar adrenalina en los partidos de fútbol. Ahí todo vale y pasa desapercibido, excepto las habilidades de las “figuras”. Pero en materia de caza me quedo con los del montón, con los más sosegados, con los que en la soledad del monte saben valorar lo que supone y vale el trabajo del perro, el compañerismo, la voluntad y sobre todo el conformismo. El tanto matas tantos vales, no es cierto ni tiene futuro. Debe siempre satirizarse las capturas multitudinarias primando el sacrificio, la voluntad y los aspectos éticos. Es la única forma de avanzar. El simple hecho de poseer una licencia de caza no autoriza a nadie a exprimir su derecho al máximo por muchos cotos que tenga. Nadie debe campar por sus respetos al socaire de los verdaderos cazadores evitando toda clase de controles. Hay que llevar la enseña de cazador bien alta pero con respeto. Debemos explicar la sensación que se siente cuando después de tres o cuatro levantes al límite de las fuerzas, arranca ruidosa la perdiz. Es el momento que el cazador se embriaga de ilusión, sorpresa contenida, de deseo indescriptible ante la pieza que intenta escapar. Importa el resultado pero no necesariamente. Se ha consumado el lance con dificultad y sacrificio y es lo que debe prevalecer. Lo demás ya vendrá si bien se hace.


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