¿Qué modelo de caza queremos en Asturias?

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¿Está por definir un proyecto de regeneración bien consensuado que necesita modernizarse; de adaptación y fortalecimiento de sus estructuras, que resulte de una nueva ley de Asturias de la Caza, o bien, por el contrario, las líneas maestras de su composición y desarrollo, posiblemente ya muy definidas, consten guardadas, sin intermediación de los actores de cabecera de cartel (cazadores), a buen recaudo en espera de un oportunismo político que le consienta ver la luz?

10/07/2014 | La Nueva España | Eduardo Bros Martínez

Resulta chocante que el máximo representante de los cazadores asturianos, el actual señor presidente de la Federación Asturiana de Caza, no haya ofrecido sensación de clarividencia, según mi criterio, en su intervención reciente ante los medios, cuando se refería a qué modelo de caza para el futuro queremos los cazadores asturianos. Algo a lo que parece descarga toda responsabilidad de pronunciarse a las bases de la cinegética, cosa insólita, si tenemos en cuenta que dada su condición y representatividad ejercida desde su estatus ocupacional federativo debiera estar comprometida y liderando en tono mayor los principales aspectos de una casuística que nos atañe a todos y definirse con criterios realistas en aras de intentar conseguir un objetivo común que resulte satisfactorio para la venatoria corporativista asturiana.

De lo que se desprende, cabe interpretar que este dirigente supuestamente pudiera sentirse desvinculado de ofrecer una opinión orientativa versada, ¿quién si no, en primera instancia?, sobre la coyuntura presente y la condicional necesidad de un relevo legislativo integrador y participativo de otras alternativas. Que este responsable muestre tal grado de abstención sobre un asunto constituido en orden preferencial como mínimo complejo, hace concebir lo inoportuno de su estancia en el ejercicio de sus funciones.

Quizás el sistema actual necesite modificaciones; se permita, por conveniente, dar entrada a otras opciones que en estos tiempos quepan y no importunen en demasía a la sociabilidad característica de la que goza la caza en nuestra autonomía. De no ser consecuentes en nuestro estado reivindicativo en la defensa de los intereses de un sector, que intuyo claramente señalado, entraríamos los cazadores asturianos en un proceso degradante, camino de restarnos oportunidades.

El señor presidente de la Federación Asturiana debería haber sido más explícito. Hubiera sido de desear que sus palabras transmitiesen conceptos inequívocos provenientes de una defensa sin paliativos de un sistema que ha venido funcionando en régimen de igualdad de oportunidades y al que parece se pretende desactivar. Ha perdido una buena oportunidad de manifestarse de forma concreta, con argumentos sólidos, de sus reacciones ante inciertos acontecimientos legislativos que se prevén acechan, en espera de ser establecidos en momentos oportunos, cuando convenga a la clase dirigente, que pudieran afectar negativamente a la sostenibilidad de la caza social en Asturias, sustentada mayoritariamente por economías de bajo poder adquisitivo.


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