Puertas abiertas en la finca Valmayor

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El sábado día 28 se celebró en la finca Valmayor unas jornadas de puertas abiertas, precedidas por una cena a la que estaban invitados los vecinos de Fuencaliente, convocados por el dueño de la finca, Santiago Sanz-Pastor, para compartir recuerdos y vivencias de los años que pasaron allí.

01/07/2014 | Lanza Digital | Macarena Fernández Rguez.

El viernes se celebró una cena en el campo de fútbol, amenizada por la presencia de “el Niño de la Mancha”, un cantaor flamenco oriundo de Fuencaliente. Allí se produjo la primera toma de contacto del anfitrión con sus invitados, entre los que se encontraba Marcos Rodríguez, el niño-lobo, que supuestamente vivió varios años solo en el valle y en cuya historia se basa la película de “Entre lobos”, dirigida por Gerardo Olivares.

La segunda convocatoria era para el domingo por la mañana y esta vez consistía en ir hasta Valmayor para visitar la finca y celebrar todos juntos una comida, una vez más por cortesía del dueño. Hasta allí se dirigieron más de setenta personas, que pudieron recorrer el valle con entera libertad. Poco antes de la comida, los asistentes obsequiaron a su anfitrión con una placa conmemorativa.

Historia de Valmayor

Valmayor es el valle más extenso y rico de Fuencaliente, que cuenta con una gran variedad de fauna y flora de tipo mediterráneo, pero también con un rico patrimonio cultural, ya que en su interior se localizan varias estaciones de pinturas rupestres y antiguas explotaciones mineras, alguna de las cuales re remonta a época romana.

Con una extensión de unas 6000 Has, este territorio estuvo poblado por unos 36 cortijos e innumerables chozos, en los que vivían en torno a 85 familias, entre propietarios, arrendatarios, pastores, gañanes…, lo que suponía una población de más de 300 personas. Todos ellos vivían del cultivo de cereales y productos hortofrutícolas, la ganadería y la caza. Esta situación se mantuvo hasta finales de los años 60 del siglo XX cuando, debido al éxodo rural, la zona se fue despoblando progresivamente, al tiempo que las familias se desplazaban a Fuencaliente o emigraban a ciudades industriales como Puertollano, Madrid o Barcelona. A partir de entonces, César Sanz-Pastor, empieza a comprar uno por uno los cortijos, hasta conseguir la propiedad de casi todos ellos, convirtiendo a Valmayor en la finca más grande del municipio, que pasa a ser un coto privado de caza de difícil acceso, habitado únicamente por los guardas y sus familias.

Derribar los tejados

En un intento de evitar la entrada de cazadores furtivos, se decide derribar los tejados de las antiguas viviendas, lo que provocará el deterioro de dichas estructuras, de las que hoy sólo se conservan las ruinas. Paralelamente a este despoblamiento humano, se inicia un proceso de transformación del paisaje, que al dejar de ser cultivado se fue cubriendo paulatinamente de jaras y encinas.

Este y otros cambios son los que han podido apreciar los antiguos habitantes del valle durante su visita. La experiencia vivida en estos dos días es algo inaudito y debo añadir que ha sorprendido a los cucones, nombre que reciben los habitantes de Fuencaliente.

Muchas de las personas que pasaron en Valmayor gran parte de sus vidas se llevaron con ellos sus recuerdos. Allí sucedieron historias de todo tipo y eso precisamente es lo que ha querido conocer y recuperar el actual dueño de la finca.

Así se reflejaba en la convocatoria, donde se invitaba a todo aquel que hubiera vivido en el Valmayor a compartir sus vivencias. Santiago Sanz-Pastor, que ha publicado un pequeño libro con historias inspiradas en algunas de ellas, les incita además a participar en un concurso literario de pequeñas narraciones basadas en esas experiencias.

Emoción, nostalgia

El día y medio que hemos compartido ha estado cargado de emoción, de nostalgia, de alegría. Para la mayoría era la primera vez que volvían a su primitivo hogar después de largos años de ausencia. Y han encontrado un lugar distinto, pero también se han encontrado con parte de ellos mismos y han podido compartir con sus descendientes su historia personal. Como asistente al evento debo decir que me ha resultado muy emocionante.

He podido escuchar de forma directa los relatos de muchos de ellos, narraciones llenas de sentimiento, en las que el paisaje cobraba vida propia conforme iba escuchando el nombre de cada cortijo, loma, risco o arroyo. Las cosas que allí acontecieron: varios crímenes, las incursiones de los maquis y el miedo que infundían, las visitas entre cortijos, la bajada de las mujeres al río para lavar, los relatos nocturnos alrededor del fuego…

Según el testimonio de varios de los asistentes, ésta fue una época muy buena de sus vidas, a pesar de las duras condiciones que tuvieron que soportar, sobre todo las familias que subsistían en chozos de ramas construidos por ellos mismos.

Todos ellos carecían de agua corriente o luz y a menudo debían compartir la misma cama entre dos o tres. Pero por encima de todo, destacan la solidaridad y la alegría de vivir, el contacto con la naturaleza en un entorno inmejorable.

Los ecos de esa forma de vida extinta me llegaban a través de sus voces, transmitiéndome una profunda emoción. He sido testigo de algo único y me gustaría tener palabras para poder contar aunque solo sea una pequeña parte de todo ello.


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