¿Por qué fallamos cuando disparamos a los cérvidos?

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Aunque no te lo creas, el 93% de los disparos son certeros. El otro 7% restante son esos fallos que dejan al animal herido o no lo alcanzan. ¿Quieres conocer las razones?

26/01/2015 | Redacción 

Ciervo

Hay una sensación peor que la de irse del monte de vacío: marcharse sabiendo que se ha alcanzado una presa pero que, sin embargo, no hemos podido cobrarla. La sensación de malestar es doble: primero, porque nuestra jornada de caza no se ha completado; segundo, porque todos los cazadores sabemos que dejar un animal herido no es ético.

Pero, ¿qué ocurre para que fallemos nuestros disparos cuando apuntamos a los cérvidos, a veces tan difíciles de abatir? Un estudio realizado en el Reino Unido, que tomó como base a un total de 102 cazadores que aportaron 2.281 disparos, demuestra que en 96% de los mismos alcanzaron su objetivo –en este caso, ciervos– y en el 93% de los mismos el disparo fue certero.

Mediante un modelo estadísico se determinó que los disparos fallidos –es decir, no mortales– se debieron a:

  • Una postura incómoda al disparar
  • Hacerlo sin tiempo suficiente
  • Disparos muy lejanos
  • Utilizar un calibre inferior a los 75 gr
  • Que el ciervo estaba en movimiento y en zonas no conocidas
  • Que el cazador no estaba experimentado

 

¿Conclusión? Obvia: evitar cualquiera de estas opciones aunque, como bien sabes, no siempre es fácil.

 

 


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