Perros con pedigree

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Juan Antonio Sarasketa – 13/05/2015 –

Pese a que los cazadores vascos, en términos generales, siempre se han distinguido por tener unos auxiliares bien plantados y de razas cualificadas, hasta hace 20 ó 25 años a algunos cazadores del resto de la península les era suficiente cualquier mestizo para la caza de la menor. Para no incurrir en el enojo de algún lector, quisiera aclarar que una cosa es la facha y otra los resultados. Queda pues bien claro “que de la raza no siempre viene galgo”. De todas formas en la actualidad un dato es evidente en relación a la elección de perro; la inmensa mayoría de los cazadores intenta hacerse con animales descendientes de padres que han denotados sus cualidades cinegéticas y, a poder ser, de pura raza. Sin embargo tampoco esto quiere decir que automáticamente estos animales van a resultar un tachado de habilidades cinegéticas, pues no, sencillamente porque en la mayoría de los casos de un buen cazador sale un buen perro y si éste tiene afición y casta mucho mejor. Así se dice que no hay perro que no se parezca al amo, aunque convendría matizar que algunos perros excepcionales hacen cazadores a muchos neófitos. Y si de la efímera vida de un perro no se invierte en su educación y adiestramiento sus dos o tres primeros años, resulta que se nos hace viejo aprendiendo y nunca podremos gozar de las exquisiteces de un perro adiestrado. La primera norma y más importante a tener en cuenta es que el cazador debe siempre hacer de cazador y al perro hay que dejarle hacer de perro, con muchísima paciencia, desterrando el palo e intentando que haga su trabajo por convicción y nunca por miedo. Durante el adiestramiento conviene mantener al perro dentro de una distancia prudente para poder controlarle mejor. Es preferible que cacen solos, a muchos cachorros la envidia les hace ser imprudentes y atropellados. Hasta los seis u ocho meses no conviene proceder a la enseñanza, el animal debe limitarse a salir al campo, familiarizarse con él y conocer bien a su dueño. Al año empezará a asentarse y a comprender lo que se le exige, mientras tanto es posible que entienda la enseñanza como un juego. Un perro bien adiestrado debe saber marchar al lado izquierdo del cazador, obedecer a la voz cuando se pretenda que busque, que vuelva, que pare y que cobre. A cazar en corto cuando así se le exija y, sobre todo, a mantener la muestra. Cazar por alto y mostrar la caza o hacer la puesta es cosa instintiva en los perros de pluma, así como cortar el terreno e incluso en algunos perros buscar las querencias de las aves, sobre todo los sorderos cuando se alargan mucho, conscientes de su responsabilidad para no levantar las becadas.


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