País Vasco // Algo más que una cuestión de nariz

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Sabido es que los perros cuentan con hasta cuarenta veces más células olfativas que el ser humano, pero esta no será la única cualidad que el fiel aliado deberá poseer y desarrollar para demostrar que se trata de un extraordinario perro de caza.

19/12/2013 | Deia

Aunque los niveles de exigencia de cada cazador sean tan distintos casi tantos como cazadores, casi todos quieren luego un can que busque a conciencia en el monte, sepa por dónde ir, esto es, “leer” el lugar en el que se encuentra, para aprovechar el tiempo y los esfuerzos de cada salida, dar con la pieza. Y como está pendiente de su amo, realizar una muestra perfecta mientras espera la llegada de su compañero, antes de respetar la detonación del disparo, previa a realizar un perfecto cobro, a la mano de su acompañante. Hasta aquí todo bien e incluso idílico, que luego no tantas veces sucede en la realidad del día a día.

Porque para llegar hasta ello deberán conjugarse unos factores que el cazador buscará desde el momento de elegir su próximo cachorro y mimar después. El perro procederá de alguna camada de renombre o, al menos, de unos padres de suma confianza de dentro de este complejo mundo de los sorderos; es un mínimo que se debe garantizar ya desde el origen. Luego se buscará un perro que sea despierto, espabilado, al que le pueda la afición por la pluma, delatando su instinto por el oficio que deberá desarrollar después. Tras un adiestramiento más o menos exigente, por supuesto aquí cada maestrillo tendrá su librillo, más o menos riguroso, con una amplitud tremenda pero que al menos sí que deberá contemplar la obediencia a la llamada, la búsqueda de la caza y la muestra del pájaro. Aunque la virtud que le hará buen sordero, junto al instinto, será la inteligencia, cualidad que no se puede entrenar, pero sí perfeccionar desarrollando su instinto, y ello se realizará en el monte, en contacto con la caza, donde el perro podrá exponer sus argumentos. Procurarle el máximo de contactos posibles con la becada será el objetivo prioritario para los primeros pasos del adiestramiento, buscando los terrenos idóneos y en los que luego se tendrá que desenvolver. Así, las zarzas y arbustos no deberán ser obstáculo en su búsqueda, mostrándole los sitios en los que las sordas puedan estar y acostumbrándole todo lo posible a esos escenarios que le suelen gustar a la becada. Luego, con el tiempo, será el propio can quien dé con esos lugares, demostrando ser un apasionado en su tarea y queriendo complacer a su dueño. Porque después de localizar las emanaciones, le resta otra tarea no menos fácil, seguirlas hasta dar con el pájaro e imponer su autoridad para bloquearle y mantenerle en el sitio, delatando su posición.

DISTANCIA

Uno de los temas de discusión entre los becaderos es la distancia a la que se produce la muestra, o mejor aún, cuál es la distancia ideal para que cace el perro de una forma efectiva sin perder el contacto con su amo. Ciertamente en los últimos años los cencerros tradicionales de campano casi han desaparecido de nuestros montes en favor de los collares electrónicos o “beepers” que avisan por dónde anda trabajando el perro y que, a su parada, alteran el sonido con un zumbador que avisa de su posición. Es síntoma de la evolución de muchos de los cazadores de sordas y de la propia forma de cazar. Si antes valía casi cualquier perro con afición y que cazaba sordas en los lugares querenciosos a apenas unos cuantos metros de sus dueños, ahora la tendencia que parece imponerse es la de abarcar muchos más espacio en menos tiempo y recorriendo más monte, a veces a distancias considerables del cazador. Por si fuera poco, la tecnología se ha sumado con localizadores por gps que detallan a qué distancia está el perro, ya sea cazando o mostrando el pájaro. Por supuesto, que el gran perro de sordas también se adaptará a estas nuevas tendencias con tal de demostrar su auténtica pasión por la sorda.


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