Lejos de la realidad

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Juan Antonio Sarasketa – 06/10/2015 –

Quienes escribimos, opinando, sobre todo en materia de caza, es lógico que admitamos las críticas de aquellos que no nos entienden o bien no comulgan con nuestros preceptos. Existen personas sensibles que no admiten “en el campo” la muerte de un animal bajo ningún concepto y en consecuencia debemos ser respetuosos con el sentir de cada cual, a pesar de que luego se sirvan del pulcro matadero industrial o usen insecticida sin miramiento ni duelo alguno. Allá cada cual con su ética dentro de los marcos legales. La sociedad educada en un mundo animal hiperhumanizado está cada vez más alejada de los procesos naturales, y en la caza igualmente lo auténtico y complejo de siempre empieza a perder terreno en beneficio de lo artificial y asequible. Me atrevería a decir que estamos viviendo un proceso de predomesticación de los animales. Ahora todo es mucho más fácil, no existen las distancias y los medios son muchísimo más eficaces. Nadie desestima los elementos que la técnica nos pone al alcance de la mano. Posiblemente deberá ser así y nada se pueda hacer contra ese progreso que día a día supera las cotas de lo imprevisible. Pero permítanme que así como entiendo la mojigatería de los urbanitas me resista a admitir la pérdida de cuanto auténtico, complejo y misterioso tiene la caza. Quizás a unos y otros el egoísmo y la comodidad no nos deje leer lo que día a día nos dice la naturaleza, que en definitiva es el origen y la verdad de todas las cosas. Por encima de lo material deben prevalecer valores casi extinguidos en el escalafón de virtudes del hombre contemporáneo. Nadie debe estar por encima de nadie si queremos que impere la concordia. Todos deben estar incluidos en el intento, desde la ciencia al agricultor más humilde pasando por ecologistas y cazadores. Es bueno que la caza esté totalmente integrada en la economía rural. El futuro es de todos y todos debemos aportar nuestro granito de arena para que la caza no languidezca. A pesar de que el número de cazadores haya disminuido y la edad media haya subido. Todo tiene su explicación. Van quedando los mejores y más solidarios. Alguien dijo alguna vez “que en el monte mucha gene no es bueno ni para la guerra”. En materia de caza nadie duda que sobra gente, pero es competencia de la administración buscar alternativas y gestionar el campo para cubrir las exigencias de los aficionados, porque el derecho no es una concesión graciable. A este sentimiento anticaza motivado por una nueva concepción del mundo y de la Naturaleza hay que contrarrestarlo explicando que la práctica de la caza es un recurso natural renovable, una de las actividades menos agresivas, un poderoso motor económico para las zonas rurales deprimidas. Se suele decir que en el medio rural se trabaja y canta. Pues bien es bueno divulgar que también se caza y pesca y además con intensidad y acierto. Por algo será.

 


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