La evolución del perro de caza

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Juan Antonio Sarasketa – 01/06/2015 –

Es evidente que el perro tuvo, desde su principio, el instinto de seguir al hombre en sus correrías, alimentándose de los residuos que encontrara en las inmediaciones de las cavernas y avisando a sus habitantes de la presencia o proximidad del enemigo. Andando el tiempo, el hombre, reconociendo los méritos contraídos y servicios prestados por el perro, compartió con él su vivienda y sus alimentos. Así las jaurías le ayudaron en sus menesteres, pagando con largueza los beneficios recibidos. Con tal refuerzo, el hombre no temió ya ataques ni acechanzas, tomó decididamente la iniciativa, y penetrando en las intrincadas selvas de aquellas lejanas edades, buscó, sorprendió y aniquiló en sus propios refugios, unas veces, o vio huir otras ante su presencia o la de las jaurías a las más temibles fieras. Así empezó a saborear los placeres del triunfo, viendo consolidada su existencia y la de la especie. El perro no fue ajeno a esta transformación, pues hasta entonces contribuyó en gran modo, siendo el protector del hombre. Sin estar bien definida su domesticidad, a partir de entonces renunció espontáneamente a su libre albedrio, transformó sus usos y costumbres. Dulcificó su carácter, hizo dejación de sus más naturales instintos, convirtiéndose de inminente carnicero en omnívoro. Del mismo modo que siguiendo al hombre en la época anterior se avino a todos los terrenos, climas y temperaturas, quizás contagiado del nuevo ambiente en que se deslizaba la humanidad. Mal que pese a la humana soberbia, si el hombre consiguió la supremacía entre los seres vivos de la creación fue manejando sus jaurías, guiado por la fina nariz y refinadísimo instinto de estas. Al amparo de sus perros, pudo dedicarse al pastoreo, pesca y agricultura. Y si al cazador sucedió el pastor y el agricultor, al perro de caza, sucedió el perro pastor y de guarda, para auxiliar al hombre en sus nuevas ocupaciones, conduciendo los rebaños o defendiendo los cultivos y cosechas. Cuando la caza dejó de ser ocupación exclusiva de la humanidad, el perro adquirió esa nueva etapa de su existencia, acompañando al cazador deportivo.

El próximo 21 de Junio el campo de aviación de Dima acogerá la vigésimo tercera festividad del Día del Cazador y Pescador con nuevas actividades que a buen seguro deleitarán a los aficionados.


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