Jabalíes resabiados: cómo engañarlos

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La espera es una modalidad ideal para cazar un gran jabalí. Nos permite adaptarnos a su entorno para intentar sorprenderlo, aunque no es nada fácil. Aquí te contamos algunas claves para que consigas hacerte con uno de estos ejemplares que se las saben casi todas.

Jabalíes resabiados: cómo engañarlos
Cualquier esperista que hable de cobrar un buen macho de jabalí, un resabiado y viejo macareno, nos remitiría al conocido dicho de los aficionados a esta modalidad: el guarro grande, a la primera. Esta cita se refiere a que los cochinos veteranos, que ya se las saben casi todas, en cuanto notan la más mínima alteración de lo que encuentran por las noches, bien sea en la baña, el paso o el comedero, ‘emigran’ de aquella zona sin darnos la opción de ver sus rastros durante mucho tiempo, por lo que no nos permiten cometer ningún error.
Pero, a pesar de estar muy de acuerdo con ello y de que el cochino es la especie de caza mayor española más cazurra, valiente y ‘dura de pelar’, yo añadiría que, a la postre, el cerdo montaraz es un animal con su instinto natural y sus sentidos muy desarrollados gracias a sus encuentros con los cazadores. Pero al fin y al cabo es un animal, por lo que puede equivocarse en cualquier momento y dejarse matar de la forma más tonta. Por ello, podemos cobrar un gran ejemplar con buena boca en una noche de luna llena y en un cebadero limpio de monte, cosa que a mí me ha sucedido, aunque no es lo habitual.
Así pues, dejando sentadas estas premisas, diremos que para intentar cobrar un guarro viejo y resabiado, además de la suerte –que también juega– tenemos que tener presentes algunas normas con la esperanza fundada de que éstas se cumplan, por lo que habría que estudiar fundamentalmente tres cosas: saber si, efectivamente, el ejemplar que vamos a intentar cazar vale la pena, ver el sitio donde lo esperaremos y en qué noche lo haremos.

Primer paso: escrutar el entorno

Lo primero que tenemos que hacer para saber que nos encontramos ante un gran solitario será registrar bien todo el escenario de la futura espera.

Jabalíes resabiados: cómo engañarlosEste estudio de sus rastros y señales habrá que hacerlo siempre por la mañana, y cuanto más pronto mejor, ya que es cuando las huellas están más frescas y está mejor conservadas, teniendo tiempo de sobra hasta la noche siguiente para que se difuminen nuestros propios rastros. Si lo hiciéramos por la tarde, lo normal es que el cochino nos detecte y desaparezca de la zona. Volviendo a las huellas, comprobaremos su tamaño y profundidad, lo que nos indicará su peso aproximado– y veremos que son más romas cuanto más viejo es el ejemplar, debido al desgaste natural de sus ‘zapatos’. Estudiaremos también otras señales como las que deja en las bañas o los restregones de barro en los árboles, los cuales nos permitirán calcular su altura. Ojo en este caso porque también rascan la corteza con su carrillada y esto puede confundirnos. En las propias bañas comprobaremos su tamaño y si entra al principio de la noche o ya de amanecida, en función de lo removida que esté el agua. Igualmente, miraremos si se ven colmilladas en los troncos para intentar conocer el tamaño de sus defensas. Como añadidura, veremos si va solo o con otro más pequeño por las pisadas. A estos pequeños acompañantes algunos autores los han llamado escuderos, aunque yo tengo mis dudas de que existan de verdad y no sean una leyenda de los cazadores. Sólo en una memorable ocasión, con una luna que daba gusto, contemplé a un plateado macareno al que acompañaba un mozalbete de unos 40 kilogramos que, justamente, iba detrás y no abriendo camino. Cuando ya me relamía de gusto esperándolos en el cebadero se metieron detrás de un cerrete y… ¡todavía los estoy esperando! Para decidir el lugar en el que aguardarlo, empezaremos por estudiar el comedero, aunque quizás sea el menos seguro de todos los sitios si hablamos de uno artificial: es decir, el que nosotros le coloquemos, porque el macho viejo siempre entrará –si entra– con más precauciones que un contrabandista y, desde luego, ya muy avanzada la noche. Lo hará, además, después de que hayan acudido guarras, marranchones y quizás algún machete, a los que debemos respetar y no disparar nunca si tenemos localizada la huella de uno grande que acude a comer. No obstante, si es una época en la que hay poca comida en el campo, y no habiéndolo espantado, también se puede cobrar un buen macho aunque, repito, es muy difícil. Más adecuados son los comederos naturales como siembras, rastrojos y árboles frutales, donde el cochino recelará mucho menos al no asociarlo con la mano del hombre. Incluso en la carroña de cualquier res muerta en el campo se puede matar un buen bicho si comprobamos que está’picado’ con este ‘manjar’.

Jabalíes resabiados: cómo engañarlosEn la baña ya es, relativamente, más fácil poder hacernos con un buen macho. Pero aquí el problema es que los bañaderos de los grandes machos suelen estar en lo más intricado del monte, y habrá que elegir muy bien la ubicación del puesto, que deberá estar elevado o retirado del apretado que cobija la baña. Un pequeño consejo: no disparar nunca al guarro cuando se está bañando. Hay que procurar hacerlo al llegar o al salir del charco, en cuanto nos dé opción a ello.

El mejor puesto: al paso

De acuerdo con los viejos esperistas, quizás el sitio más seguro para hacer un aguardo sea en el paso. Dicen estos veteranos cazadores que a la caza no se la debe matar en las querencias, ni donde duerme ni donde come para no echarla del sitio, y no les falta razón.Jabalíes resabiados: cómo engañarlos Esperar un guarro al paso es hacerlo en el recorrido que hace desde su encame hasta la baña, el cebadero o, en su momento, las piaras de hembras. Parecer ser que estos itinerarios son utilizados por varias generaciones de jabalíes, con lo que el conocimiento de ellos es fundamental para lograr nuestros propósitos.

Este sistema requerirá un pisteo exhaustivo para conocer exactamente la ruta que, normalmente, usan todas las noches y elegir con mucho cuidado el sitio donde lo aguardaremos. A la hora de hacer un puesto en un paso hay que evitar que destaque, pues el cochino notará el ‘pegote’. Lo mejor para ocultarnos es aprovechar elementos naturales como peñas, troncos o arbustos que estén ubicados a la distancia correcta. También debe estar colocado en un sitio por el que el jabalí pase obligatoriamente, es decir, en un trayecto por el que no pueda separarse mucho del recorrido habitual. Por último, siempre que sea posible, conviene ubicarlo en un lugar elevado, desechando bajos y barranqueras donde el aire revocará más.

Jabalíes resabiados: cómo engañarlos

Siempre buscan la oscuridad

¿Qué noche lo esperaremos?, ¿con más o menos luz de luna? Indudablemente, los viejos machos procurarán entrar cuando menos se los vea, es decir, en noches sin luna. Si la hay, aunque no esté llena, esperarán a que se meta detrás de la sierra. Sin entrar ahora en cuestiones legales, estas adversas circunstancias lumínicas harán que tengamos que esperarlos con una fuente de luz artificial acoplada a nuestro rifle. Es muy bonito y emocionante disparar a un buen verraco con la claridad de la luna, pero es mucho más efectivo hacerlo en una noche oscura ayudados por cualquier foco, visor nocturno o el sistema que sea. En cualquier caso, si vemos algún buen ‘catedrático’ en una noche de luna –cosa difícil– observaremos cómo procura ir de sombra en sombra cuidándose de no ofrecer nunca un buen blanco, porque en ello le va la vida.

Y por último… ¡la suerte!

Para terminar contaré una historia que, como decía antes, tira por tierra todas las teorías expuestas. Estaba con mi hijo Carlos colocado para hacer una espera en unas peñas que dominaban una siembra. Era una tarde veraniega, todavía había mucha luz, y el sol no se decidía a acostarse. De repente me dio por mirar hacia atrás y, en otra siembra, a unos 150 metros, observé un cochino enorme que estaba regalándose con el trigo dulce de ella. Mi hijo me dijo que parecía que subía y bajaba la cabeza, cosa que era verdad porque la elevaba para coger las espigas. Simplemente me bajé del puesto, avancé unos metros, apoyé mi .30-06 en una peña y, con un fácil disparo, abatí el magnífico guarro, uno de los más grandes que he cobrado en espera. ¡La suerte también se pone a veces de nuestra parte! JyS

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One comment

  1. 0
    manuel hidalgo oviedo says:

    Todo lo que dices referente a las esperas es verdad, con un detalle, que los escuderos los empujan para que este entre a un sitio en concreto al rato, tranquilo y silencioso. Por lo demás es así como comentas.

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