Imputan a un veterinario, como presunto autor de un delito de Falsedad Documental

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La Guardia Civil en el marco de la Operación ‘Rabdomun’ ha realizado numerosas inspecciones a perros durante la temporada de caza, en las que se pudieron observar anomalías en las cartillas sanitarias, referentes a la vacunación antirrábica, por las que se procedió a inspeccionar varias rehalas, en las que se pudo comprobar deficiencias y falta de sellos obligatorios en los certificados de vacunación.

27/11/2014 | Ideal Digital | R. I.

Al objeto de investigar tales hechos, se procedió a la extracción representativa de sangre de varios animales que integraban las rehalas. De los resultados obtenidos en los análisis de sangre de los animales muestreados, y en aplicación de la normativa por la que se aprueban las normas zoosanitarias aplicables a los desplazamientos de animales de compañía sin ánimo comercial, se considera que los animales cuyo título de seroneutralización en UI/ml es inferior a 0,50, no se le ha inyectado la vacuna en su dosis correspondiente.

Con independencia de lo anterior, también se pudo apreciar en el resultado de análisis, que muchos de los animales muestreados, aunque se consideran vacunados según la legislación aplicable, su contenido en anticuerpos es muy inferior al normal que poseen los animales inoculados con una dosis reglamentaria de este tipo de vacuna, y que está sobre los 1,50 y 2 UI/ml aproximadamente, por lo que se sospecha que los animales han sido tratados con una dosis muy inferior del producto contenido en la vacuna o, que aún le quedan anticuerpos del tratamiento del año anterior.

Tras lo anterior, se comprueba que la persona imputada no realizaba la vacunación obligatoria antirrábica. Circunstancia que igualmente queda acreditada por el Colegio Oficial de Veterinarios, dado que el profesional imputado no ha notificado ni realizado la ficha clínica.

A pesar de todo ello, el veterinario consignaba en las cartillas sanitarias o pasaportes oficiales para animales de compañía, las anotaciones precisas para acreditar que los animales habían sido tratados de forma reglamentaria, aunque elude la colocación de los sellos oficiales del colegio de Veterinarios y reseña de la vacuna utilizada. Sustituyendo estos requisitos por su sello profesional, su firma y la consignación manuscrita de la marca de la vacuna utilizada.


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