Hedor a rancio

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José María Gallardo – 09/01/2015 –

“¿Somos los cazadores “gallinas”, “acatarrados” y “acomplejados reprimidos?” Magnífica pregunta con la que el Ilustre don Eduardo Trigo de Yarto comenzaba un artículo publicado, nada más y nada menos, que en 1974 para contestar a continuación al artículo publicado ese mismo año en el diario ABC y titulado “Decadencia del Cazador”, donde A.M. Campoy hacía una crítica severa, sesgada e ignorante hacia la caza y los cazadores.

Por aquellos entonces todavía era una honra firmar un artículo como miembro de la Junta Directiva de la Federación Española de Caza, que aún no era Real, pero sí digna y honorable. Así pues, como fiel defensor de la caza, directivo de la Federación y Director de la Escuela Española de Caza, don Eduardo, en carta abierta, acusaba directamente de estar utilizando los medios de comunicación generalistas para atacar a la caza y  efectuar un “lavado de cerebro en muchos de nuestros compatriotas, al paso que crea contra la cinegética una leyenda negra”, y añado yo… leyenda y lavado, los cuales siguen perdurando hasta nuestros tiempos y con mayor fuerza que nunca.

El tal señor Campoy nos dedicaba entre otras lindezas los adjetivos de “gallinas”, “acatarrados” o “acomplejados reprimidos”, tratándonos como matarifes y destructores de la naturaleza, cuando lo único cierto, y como apuntaba don E. Trigo, “… es que desde los bisontes polacos a las cabras de Gredos, y desde el sudafricano Parque Kruger al alpino Gran Paradise, todo lo que se ha hecho a favor de la amenazada vida salvaje es obra EXCLUSIVAMENTE DE CAZADORES.” Pero como él también decía, la demagogia es muy socorrida y lo sigue siendo.

Como joven cazador, no me deja de sorprender que, ya en 1974, hace más de 40 años, se nos criticara con esta severidad a los cazadores, y más aún desde medios de comunicación generalistas y conservadores. Pero lo que más me sorprende es que los argumentos eran los mismos, el desconocimiento sobre la venatoria exactamente igual y la argucia con la que se trata la cinegética idéntica a la actual. Este hedor rancio que nos empantana y no nos deja respirar, de décadas de ecologismo fundamentalista, empieza a ser un problema de salud pública.

 


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