«El verdadero cazador es el que cuida de la naturaleza»

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Mario Ferrer, que acaba de proclamarse campeón de Europa de Tiro a Vuelo con la selección española, comenzó a practicar este deporte con solo 12 años.

09/06/2014 | Las Provincias | MIRIAM CUTILLAS

Todo campeón tiene una bonita historia detrás. Y la de Mario Ferrer, actual campeón de Europa por equipos de Tiro a Vuelo, comenzó cuando tan solo tenía 12 años (ahora tiene 50).

El tirador de Jijona, que se dedica a la industria de los envases de cartón, ha conseguido en sus ratos libres uno de los mejores palmarés de la caza española. Tanto es así que desde 2008 no falla en la convocatoria del equipo nacional, para asistir tanto a los campeonatos europeos como a la Copa del Mundo.

Su pasión por la caza le viene de familia. Su padre era un gran tirador que aprovechaba la temporada en la que se abría la veda para practicar su afición preferida. Mario comenzó pronto a acompañarle, con la excusa de ayudarle a recoger las piezas que su progenitor abatía.

Alguna que otra vez conseguía que su padre le dejara tirar con su escopeta, pero no fue hasta que cumplió los 16 años cuando pudo hacerlo como un cazador más, al lado de su padre, gracias a un permiso especial. En los primeros años esta afición compartía su tiempo libre con otra de sus pasiones, el fútbol. Ferrer era extremo izquierdo del Jijona, equipo que militaba en Primera Regional. Pero terminó imponiéndose la caza, porque la podía compartir con familia y amigos, además de porque le encanta el campo y la naturaleza. La modalidad que practica es la de caza menor (zorzales, torcaz, perdiz y conejo). Aunque también participa en competiciones de Tiro al Vuelo, especialidad de la que forma parte del equipo nacional.

La caza es una actividad que necesita de mucha concentración, preparación y entrenamiento. «Hacer un buen torneo depende de que tú estés en plena forma y que la suerte esté a tu lado, pues se trata de animales vivos a velocidad rápida, con vuelos errantes y tienes poco tiempo para acertar, estamos hablando de uno o dos segundos. La concentración y la forma física es muy importante para esta disciplina», explica el cazador.

«Es todo lo que se hace antes y después de la muerte del animal. La muerte es imprescindible para que exista la cacería», así definía Ortega y Gasset la caza. Un deporte, que pese a ser el más antiguo -apareció prácticamente a la vez que el ser humano- sigue teniendo tanto detractores como aficionados.

Ferrer reconoce que no se trata de un deporte de masas porque además de ser «caro», está siempre en el punto de mira de ecologistas y defensores de los animales. Ante estos detractores, el jijonenco defiende que «los pichones que se emplean son criados en libertad expresamente para esta actividad, en lugares donde tienen comida abundante y grandes voladeros. Existen familias que viven de esto, que tienen palomares para la cría y reproducción». Las aves que se abaten en estos torneos, tal y como explica Ferrer, «son donadas a centros benéficos o personas que lo necesitan».

Para él, el verdadero cazador «es el que con su esfuerzo, trabajo y dedicación, cuida y regula la naturaleza». «En época de cría ayudamos a que a los animales no les falte alimento ni agua para que puedan sacar adelante a sus crías. Sin los cazadores se formarían plagas indiscriminadas a las que no habría forma de atajar. Y regulamos aquellos depredadores naturales que se han reproducido más de lo habitual y que pueden hacer mucho daño a la naturaleza y a sus habitantes», sostiene Ferrer, al que le molesta que intenten desprestigiar este deporte y sus practicantes, sin conocer realmente lo que aportan con sus acciones al medio ambiente. Porque los cazadores no solo luchan contra sus presas.


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