Desveda

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Juan Antonio Sarasketa – 16/8/2016 –

El próximo lunes desvedará la codorniz en Castilla y León entre otras comunidades posiblemente la zona más codornicera junto a Aragón. Afortunadamente para los cazadores en la zona norte todavía no se ha cosechado todo el trigo. Esto que para los agricultores puede llegar a ser un peligro a nada que empiece a llover con una cierta intensidad y no puedan cosechar, para la fauna en general se traduce en comida y refugio hasta que la cerilla despiadada prepare el terreno al arado allá por Octubre. ¡Lástima no dejar algunas piezas sin cosechar! Habrá que empezar a valorar el pagarlas para que no las toquen. Hablamos de comida y refugio para capear el duro invierno castellano y la presión de los predadores, aunque el agua termine tumbándolas. Una buena temporada de caza siempre está precedida de una buena cosecha de cereal. Sin embargo en años como éste, lluviosos, los campos están mucho antes dispuestos a que se levanten, es decir, a que se aren, labor por cierto perjudicial para los animales. Dicho lo dicho cazadores y agricultores deben colaborar en beneficio de la fauna. Unos porque no es bueno a la larga exprimir la tierra pensando solo en la cosecha venidera y los otros porque deben considerar que su alma venadora va mucho más allá de comer perdices con los amigos. El último jefe indio americano llamado Sealh reducido en la reserva, recalcaba al presidente esclavista Franklin Pierce “el hombre pertenece a la tierra y no la tierra al hombre, y lo que le suceda a la tierra le ocurrirá al hombre”, palabras propias de un amante de la naturaleza cargadas de inusitada visión futurista. Pero mucho me temo que lo que no hagamos los cazadores en defensa de los animales poco se puede esperar de los del tractor o de nuestros inquisidores seguidores del gran maestro. Un par de toneladas de trigo vienen a costar una cifra ridícula si consideramos como suficiente para dar de comer a los animales de un coto medio durante el invierno. No dejará de ser un pequeño sacrificio para el guarda repartirlo a voleo cada dos días en distintos puntos, pero merece la pena porque los resultados son francamente espectaculares. Al final todo se reduce a comida, paz y refugio, tanto en especies menores como mayores. Tampoco tiene porque perder los animales su instinto de conservación y mucho menos su bravura. Al final el cazador siempre es el que establece las condiciones para que la lucha sea lo suficientemente hostil que justifique la actividad cinegética.


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