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Carlos Vignau – 17/11/2016 –

Desde el 15 de noviembre de 2016 es oficial. Hay nuevo récord de España de corzo. 250 puntos. Un número redondo y bonito para llevar a lo más alto del escalafón un trofeo para la historia. Al igual que sucediera con el de jabalí de Tomás Higuero (1983), el nombre de Sergio Muela estará en el primer puesto por muchos años.

En mi caso es una historia que me toca de cerca. La relación que tengo con Sergio me permite conocer cada detalle del cuento. Son más de 20 años cazando los montes de Guadalajara con su padre, su hermano y los excelentes perros de Rehalas Muela. Aunque algo mayor que yo, hemos crecido juntos en esto de la caza y nos conocemos a la perfección.

Por todo esto no dejo de sorprenderme. Desde que se diera la noticia de un posible récord en Jara y Sedal no han dejado de llegar a mis oídos fábulas para no dormir, absurdas de todo punto y cargadas de envidia y malicia. El corzo es sin duda la especie de caza mayor que más intereses despierta y también, la que más “especialistas” en la materia extiende. De un tiempo a esta parte, todo el mundo sabe de corzos; todos nos atrevemos a asegurar si un animal es salvaje o no; todos nos jactamos de conocer la especie al dedillo y nos arrogamos la capacidad de juzgar a quien, con esfuerzo y sacrificio, consigue un trofeo superior al nuestro. Los relatos siempre empiezan con la misma coletilla: “Yo sé de buena tinta que…”.

Las fantasías son diversas: la más sonada es la que narra la historia de un animal criado en cautividad, alimentado con una variedad de pienso atómico y vendido al mejor postor por una cantidad grosera de dinero. También circula que semejante monstruo no se ha cazado en terreno abierto y que un ambicioso orgánico puso precio a su cabeza al llegar su trofeo a la cúspide… La verdad es mucho más simple que todo eso.

Entiendo que muchos corceros de pro se sientan heridos en lo más profundo de su ego. Han sido relegados a un segundo plano por un muchacho desconocido, oriundo de un pueblo de Guadalajara y, eso sí, con una afición admirable por la caza auténtica. No creo que este asunto esté reservado para mentes supremas. Todos podemos hacer un esfuerzo y creer que lo que muchos soñamos, encontrarnos el corzo de nuestra vida, puede convertirse en realidad.

Desde aquí, enhorabuena Sergio, te lo mereces más que nadie.

 

 

 


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