De galgos y galgueros

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La galga Lagartija de la Maluca (que apellido más rimbombante, verdad), del club zamorano Nápoli, se acaba de proclamar campeona de España. La parroquia galguera zamorana está de enhorabuena.

28/01/2015 | La Opinión de Zamora | CELEDONIO PÉREZ

Por fin se ha hecho justicia con un deporte y una afición que en esta provincia tienen una significación especial y se mantienen vivos a pesar de las presiones sociales que han tenido que aguantar en los últimos años.

La caza con galgo es una de las actividades más enraizadas en el ámbito rural. Los aficionados a este deporte, al margen de un puñado que lo han convertido en negocio, están muy pegados a la tierra, suelen ser agricultores o ganaderos, gentes de pueblo, que abrazan una práctica que ya afilaron sus antepasados. Es como si se transmitiera en los genes, como si se naciera -y se muriera- con ella.

Zamora es tierra de galgos como tiros y liebres como flechas. La calidad, en este caso, va unida. De siempre el perro ha hecho al matacán y este al can. Son animales que se parecen hasta en el color y no es casualidad que el barcino predomine en el predador y sea la capa que define al depredado.

El trato a los galgos, afortunadamente, ha cambiado y la soga al cuello ya es historia (salvo casos aislados, que indeseables los hay en todos los gremios). El perro de sombra alargada, corazón grande y nariz afilada tiene su destino pegado al del ámbito rural. Es un símbolo de la tierra de labranza y por eso que un galgo representando a Zamora destaque por su velocidad es de agradecer en una provincia que camina al ralentí.

Los galgueros zamoranos agradecerían también que de una vez por todas el robo de perros se considerara delito y no falta. Así se le quitarían las ganas a los desaprensivos que mantienen vivo un mercado asqueroso.


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