Consiguen fotografiar una desconocida tribu amazónica

¿Lo compartes?

La tribu, de la que se desconoce su nombre al no haber tenido contacto con ella, vive en la selva amazónica de Brasil. Las autoridades protegen esta zona para que no se pierdan estas formas de vida aún por descubrir.

23/12/2016 | Redacción JyS

casas-tribu
‘Maloca’ -chozas- en medio de la selva. / Ricardo Stuckert

Unas novedosas fotografías aéreas de una tribu aislada en medio de la selva brasileña están proporcionando un nuevo punto de vista sobre la forma neolítica de vida que desarrollan y que casi ha desaparecido de la faz de la tierra. Las imágenes, tomadas desde un helicóptero la semana pasada por el fotógrafo Ricardo Stuckert, han sido publicadas por National Geographic.

“Me sentí como si fuera un pintor en el siglo pasado”, asegura Stuckert a la revista. El mismo fotógrafo describe sus sentimientos al encontrar aquella tribu de la siguiente manera: “Pensar que en pleno siglo XXI todavía quedan personas que viven sin contacto con la civilización, como sus antecesores lo hacían hace 20.000 años, es una emoción muy potente”.

Los primeros planos conseguidos por Stuckert, tomados cerca de la frontera entre Brasil y Perú, muestran detalles que previamente habían escapado a la vista de los expertos, como las elaboradas pinturas corporales que lucen o su corte de pelo. “Pensábamos que todos se cortaban el pelo de la misma forma”, afirma José Carlos Meirelles, quien ha trabajado con varias tribus indígenas brasileñas y las ha estudiado durante 40 años. “No es cierto. Puedes ver muchos estilos diferentes. Algunos parecen punk”, aclara el investigador a National Geographic.

La misma tribu llamó la atención de las autoridades en 2008, cuando agentes de la agencia brasileña de asuntos indígenas Fundação Nacional do Índio (FUNAI) mostró fotografías de los hombres de la tribu lanzando flechas al avión de la Fundación con el cuerpo pintado de rojo.

tribu-asustada
Indígenas asustados ante la presencia del helicóptero. / Stuckert

Desde aquel encuentro, la tribu ha variado su posición en varias ocasiones, afirma Meirelles, veterano investigador de la FUNAI y experto sobre los grupos indígenas de la región. Meirelles, que se encontraba en la expedición de la semana pasada, al igual que en 2008 y 2010, afirma que estos grupos cambian de lugar “cada cuatro años más o menos”. “Se mueven por los alrededores, pero se trata del mismo grupo”, asegura el investigador a National Geographic.

Stuckert llegó a principios de este mes al estado amazónico de Acre para desarrollar un proyecto fotográfico durante un año en el que fotografiará tribus indígenas de todo Brasil. El domingo pasado, cogió un helicóptero junto a Meirelles para visitar la selva de Jordão, cerca de la frontera con Perú. Pero las tormentas forzaron al helicóptero a desviarse de su trayectoria. Fue entonces cuando se encontraron sobrevolando un asentamiento recóndito de chozas de paja en mitad de la espesa vegetación. Los habitantes estaban evidentemente igual de sorprendidos, y se dispersaron por el bosque al ver como se acercaba el avión.

El pánico inicial de la tribu parecía dar paso a la curiosidad cuando el equipo regresó unas horas más tarde. “Parecían más inquisitivos que temerosos”, aseguró Stuckert a National Geographic. “Sentí que había una curiosidad mutua”, afirma el investigador.

El aparente bienestar de la tribu era alentador para Meirelles quien aseguró que la gente parecía bien alimentada y sana. Las parcelas de maíz, mandioca y plátanos que rodeaban el grupo de chozas comunales, conocidas como maloca, parecían capaces de albergar entre 80 y 100 personas. Pero no era la única maloca, sino que descubrieron más, por lo que la expedición cree que la población supera los 300 individuos.

Pero si algo logró impresionar a Meirelles fue el aluvión de flechas que los miembros de las tribus dispararon contra el helicóptero, algo que consideró como un signo de resistencia. “Son mensajes”, dijo. “Esas flechas significan: déjanos en paz”.

casas-y-hombre-con-arco
En la parte superior aparece un indígena armado con su arco para defender la ‘maloca’. / Stuckert

A diferencia de otras regiones de la Amazonía brasileña, el estado de Acre tiene bien vigilados los bosques y las tribus que los habitan para salvaguardarlas. Pero en la frontera con Perú se encuentran varias mafias que se dedican a la tala ilegal, al narcotráfico y a la búsqueda de oro, que suponen una verdadera amenaza para los habitantes de la selva.

“Una vez que su territorio es invadido por madereros o buscadores de oro, los grupos aislados están acabados”, dijo Meirelles. “Podrían desaparecer de la faz de la Tierra, y ni siquiera lo sabríamos.”

Según relata la publicación científica, aunque buscan evitar el contacto directo con forasteros, los indios de las cabeceras de los ríos Envira y Humaitá han utilizado desde hace mucho tiempo herramientas de acero. “Se remonta a 1910, se ha tenido conocimiento de asaltos a asentamientos realizados con machetes y hachas”, afirma Meirelles. “Las llevan utilizando mucho tiempo. Son prácticamente parte de su cultura”. Con estas herramientas han despejado franjas de bosques lo suficientemente grandes como para expandir la producción de alimentos.

Para finalizar, Stuckert recalca la parte emotiva que para él ha tenido este descubrimiento. “La experiencia me tocó profundamente, como un momento único. Vivimos en una época en la que los hombres han estado en la luna. Sin embargo, aquí en Brasil hay gente que continúa viviendo como la humanidad lo ha hecho durante decenas de miles de años”, afirma el fotógrafo.


¿Lo compartes?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *