Comienza el juicio a la red que ofrecía cacerías ilegales en reservas naturales

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Este martes 2 de septiembre se inicia en los Juzgados de Plasencia (Cáceres) la vista oral contra los presuntos integrantes de una banda de furtivos que ofrecían batidas de caza ilegal de cabras montesas, osos y lobos y que fueron detenidos por la Guardia Civil en el año 2007 en el marco de la denominada operación Chupete.

02/09/2014 | ABC | ALEJANDRO CARRA

Los integrantes de la banda de furtivos, con antecedentes penales por este tipo de actividades, ofrecían la caza ilegal en montes públicos o privados de especial protección medioambiental y cinegética. Operaban especialmente en la Sierra de Gredos y sus estribaciones, pero también se trasladaban a otros puntos, como los Montes de Toledo, Madrid, Asturias o Murcia.

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Juan Manuel López, abogado de Ecologistas en Acción, organización que se ha presentado como acusación popular, recuerda a ABC que «los acusados tienen antecedentes que se remontan a finales de los años 80, cuando ya se les retiraron todas las licencias y permisos. Se dedicaban a contactar clientes mediante anuncios en las revistas de caza y les ofertaban piezas muy codiciadas a un precio excepcional. Si por un ejemplar de macho montés se paga en una montería en torno a los 20.000 euros, ellos lo ponían en bandeja por 3.000».

Operaciones nocturnas
Los acusados se adentraban en la zona de caza por la noche para abatir a las piezas con sus clientes. Y cada uno tenía una función. «Uno contactaba con los clientes, que eran trasladados por otro a la zona para que los acompañasen dos “geyper” (así se autodenominaban los ojeadores furtivos). Siempre con luna llena y en época de apareamiento, se internaban en la zona elegida, que conocían perfectamente, y usaban rifles Thompson monotiro de alta precisión con silenciador y visor nocturno, con lo que el animal no tenía ninguna oportunidad».

La Junta de Extremadura, que también se presenta en el juicio como acusación, estima que el daño económico causado supera los 40.000 euros, pero el medioambiental es incalculable, puesto que como señala Juan Manuel «buscaban siempre a los mejores ejemplares, con lo que iban debilitando la cadena reproductiva y degradando la especie».


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