Cazadores de raza

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Juan Antonio Sarasketa – 15/12/2014 –

Son muchos los cazadores a los que me gustaría dedicarles unas líneas no ya para que se conozcan sus capturas sino simplemente como merecido homenaje a su sencillez y buen hacer. Posiblemente no sean unos atletas consumados ni sus capturas sean ejemplarizantes –que a veces lo son- no, son simplemente cazadores de raza y créanme que no es poco. Como no puedo citar a todos me voy a ceñir a uno solo que puede muy bien representar a este selecto grupo de venadores. Se trata de Javier Barona, alias el Gallo, prototipo de cazador nato, jamás falta a la cita con su afición. ¿Cómo es este hombre con la escopeta? ¿Primitivo? Sí, pero en afanes, sintiendo la ancestral angustia y alegría de la caza. Recio, respetuoso, tranquilo. Sale al campo porque la Naturaleza es vital para su carácter y le gusta la caza por instinto. Nació para ello. Tiene en su ser “un apartado” que le apremia a buscar en el monte a su adversario natural. Su sobriedad no impide que las virtudes que adornan su carácter la haga patente entre sus compañeros con los que comparte alegrías y fracasos. Esto es lo verdaderamente admirable en este excelente cazador. Poco más. Pero cambiemos de tercio para informarles como se está desarrollando la temporada hasta el ecuador de la misma. Entraron adelantados algunos zorzales pero el flujo migrador sorpresivamente cesó en el mejor momento. Los jabalineros también se quejan porque no encuentran al hirsuto animal en los lugares querenciosos.  Al parecer las bellotas de roble (año excepcional) está haciendo que se encamen en cualquier lugar donde los frutos no falten. Todo se andará cuando las heladas lo estropeen y se desplacen a las manchas tradicionales. Se defienden los acotados que cuidaron las poblaciones de perdices y sobre todo donde la mano del hombre no impactó con fuerza en el medio con productos fitosanitarios tóxicos. Los palomeros más pudientes empiezan a desplazarse al sur peninsular con resultados de todo tipo, propio de un ave que se traslada con facilidad a cualquier zona que la atraiga por sus frutos, sobre todo la bellota de encina. Peor lo están soportando los becaderos y es que el esquivo pájaro de cara alargada no termina de entrar en número importante. Habrá que esperar que la nieve apriete en sus lugares de ovificación y cría.


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