Caza del zorro en pajares

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Con perros de madriguera

Las acumulaciones de paquetes de paja en nuestros campos son una de las guaridas preferidas por el raposo. Cazarlo en estos lugares con ayuda de nuestros auxiliares es una forma de controlar su población de manera, además, selectiva, sin amenazar o perturbar la existencia de otras especies.


Esta modalidad, al igual que la chilla o las esperas, es un método muy eficaz para controlar la población de predadores que destaca por su carácter selectivo: en primer lugar, porque es el cazador quien decide, en el último momento, si da muerte o no al zorro. En segundo lugar, porque se lleva a cabo en una zona muy limitada –no suele rebasar los 150 metros– y con autorización tanto de la Administración como del dueño del acotado, por lo que no se molesta a otras especies. Excepcionalmente, eso sí, podemos toparnos con el temido tejón, conocido por todos los cazadores de madrigueras por su furia y fortaleza, ya que es casi imposible que un perro lo expulse al exterior, recibiendo en la mayoría de los casos un castigo tan severo que puede quedar inútil para la caza. Por este motivo, si la madriguera presenta signos de albergar a esta especie debemos descartar la opción de introducir en ella a nuestros canes.

La madriguera idónea para el raposo

El raposo puede habitar varios tipos de madrigueras, y en este artículo vamos a explicar cómo cazarlo en pajares. Los almacenes de paja a la intemperie que acumulan los agricultores y ganaderos año tras año, formando un gran montón de alpacas fácil de ver a gran distancia, son lugares muy querenciosos para el zorro. Estas alpacas pueden ser rectangulares o circulares y de un peso considerable, imposibles de manejar sin maquinaria especial. Para detectar la presencia de raposos en estas madrigueras debemos observarlos desde lejos con ayuda de unos prismáticos, escrutando bien la parte más alta de las alpacas, que es donde suelen estar tumbados los días tranquilos, cuando no es molestado por la presencia de personas o ganado en los alrededores. También podemos aproximarnos in situ para comprobar si nuestro ‘amigo’ ha fijado ahí su residencia: los machos suelen orinar en las esquinas del pajar, algo que descubriremos por el fuerte olor de su orina. También podemos detectar su aroma almizclero en todas las entradas-salidas de la madriguera-pajar, observando cómo están de tomadas. También le delatarán los numerosos excrementos que habrá ido repartiendo por los alrededores, ya que este predador no es muy cuidadoso en cuestiones de higiene.

Estos pajares son el refugio ideal para los zorros que habitan estas grandes zonas abiertas, despobladas de montes y sin enmarañados y profundos arroyos. La verdad es que una vez que se han segado las cosechas no tienen otro sitio donde refugiarse, y en los numerosos pasillos y huecos que existen entre las alpacas estarán calentitos y protegidos. Los días soleados suelen subirse a lo más alto del pajar, donde estarán a salvo de miradas enemigas mientras ellos disfrutan de maravillosas vistas, pudiendo descubrir con mucha antelación cualquier enemigo que se acerque y pueda suponer un peligro inminente para su integridad. Tomarán el sol sin que nadie les moleste, como si estuvieran en la terraza de su apartamento vacacional, hasta que lleguemos nosotros y nuestros queridos colaboradores, los perros, para desalojarlos.

El desalojo de este tipo de madrigueras no es tarea fácil debido a las grandes dimensiones de los pajares y a que el zorro sabe que tiene que salir a lo limpio, donde no tiene protección por no haber cobertura vegetal. Además, le estamos esperando nosotros, algo que en algunas ocasiones sabrá porque nos habrá visto llegar de lejos al tratarse de zonas despejadas. Le costará romper, saliendo y volviendo a entrar sin darnos tiempo a disparar. Para no ser detectados por su fino olfato, es requisito indispensable aproximarnos con el viento de cara. Para que sus agudos oídos no descubran lo que estamos tramando, las armas las tenemos que cargar lejos de las madrigueras, a una distancia tal que no escuche los cerrojos de nuestras repetidoras, y portarlas con todas las medidas de seguridad hasta el punto donde debemos situarnos para la cacería. Como no estamos solos, habrá que descargarlas en ese mismo punto cuando el director de la cacería indique que ésta ha terminado, de forma que al reunirse de nuevo todos los participantes no quede un solo cartucho ni en la recámara ni en el depósito de ninguna escopeta.

Hay que tomar posiciones con suma cautela, colocándose las escopetas en dos de las esquinas, siempre en diagonal: de esta forma dominamos todo el pajar, pero los cazadores no pueden verse para así evitar accidentes. Además, hay que permanecer pegados al pajar para evitar que el zorro nos vea al salir de la madriguera y así poder dispararle mientras se aleja –si nos colocamos algo más retirados del pajar nos verá y no saldrá tan fácilmente–. También es importante permanecer quietos y en completo silencio y no disparar hacia el pajar, siempre hacia fuera para no herir a los perros, que vendrán pisándoles los talones –hay que ser pacientes y darles tiempo para que den con nuestra presa–. Tampoco nos subiremos encima del pajar si no es necesario –sólo para buscar a los perros cuando haya pasado mucho tiempo sin verlos–. Si pisamos por encima detectarán nuestra presencia, y como el zorro teme más al hombre que al perro se enfrentará con éste en un duelo a muerte o se encerrará en alguno de los muchos recovecos sin salir al exterior.

Cómo tomar posiciones

Es obligado que la aproximación para situar los puestos la hagamos en total silencio. Después soltaremos al perro, que debe ir siempre atraillado –no más de un ejemplar a la vez salvo en madrigueras muy grandes o pajares con grandes dimensiones–. El perro, tras confirmar por los rastros la presencia del raposo en su cubil, penetrará en el interior para expulsarle, la mayoría de veces sin necesidad de contacto físico pues en principio el zorro no quiere problemas y al detectar la presencia del can saldrá al exterior donde será abatido limpiamente por los cazadores que le esperan. No se le debe disparar en la misma puerta de la madriguera. Hay que dejar que se aleje unos metros –10 ó 15– para que no pueda regresar a su cubil, y mucho menos si está herido: si ocurre esto no saldrá nunca más.

Es conveniente poner a un compañero que coordine toda la operación: bien podría ser quien guíe al perro en ese momento, pues sabrá si quedan más zorros en la madriguera o no por el comportamiento de éste, y es quien puede decidir si se termina o se continúa con la cacería. El cazador de madrigueras debe conocer los sonidos que emiten los perros de la cuadrilla, distinguir si son ladridos de ataques, lamentos o rugidos con agresividad al no poder llegar a la pieza, gemidos por no poder salir, aullidos pidiendo ayuda…

Esta modalidad puede parecer fácil, pero un error como que suene un móvil, el cerrojo de las escopetas, toser… hará que el zorro reconozca estos ruidos como parte de un envoltorio cuyo contenido final es el hombre. Entonces hará uso de su astucia y conocimiento de las huras, burlará al perro guareciéndose en lo más profundo del pajar y hará que éste tenga que demostrar sus cualidades para desalojar a su presa, incluso llegando al contacto cuerpo a cuerpo… de donde saldrá alguna veces mal parado.

¿Cuántos perros necesitaremos?

Caza del zorro en pajaresEl número de auxiliares puede variar según las dimensiones del pajar… y si entre éstos no existe rivalidad. Se puede soltar un cachorro –que debería superar el año de edad– con dos o más perros adultos que sean muy rápidos, ágiles trepadores y saltadores –como en el caso de las madrigueras de rocas– para salvar los desniveles que existen entre las alpacas de paja. Las razas idóneas son: foxterrier en sus dos variedades de pelo –duro o fino–, jagdterrier, border terrier, terrier de Lakeland y terrier de Gales. No es recomendable emplear aquellos que presenten un morfología con un ‘bassetismo’ –patas muy cortas– pronunciado –como el teckel, Jack Rusell, terrier de Sealyham, Cesky terrier…– y todos los que su altura a la cruz sea menor de 33 centímetros, pues en estos pajares podemos tener serios problemas para recuperarlos si son incapaces de salvar los desniveles que existen entre las alpacas de paja o si el zorro se acula en un pasillo de fondo de saco –a veces hemos tenido que esperar días enteros para que saliera nuestro compañero–.

¿Con qué los cazamos?

El calibre a emplear en escopetas suele ser el 12, con plomos del 4 hacia abajo hasta llegar al doble cero o perdigón zorrero y con no menos de 36 gramos de carga. Los chokes recomendables son los de 2 ó 3 estrellas, según la distancia de disparo. También se pueden utilizar redes para su captura en vivo –capillos– .

Así es una madriguera de pajar:

Caza del zorro en pajares

Los cazadores deben colocarse en los diferentes costados de la pila de paja para cubrir todos los posibles escapes.


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