Castilla y León // Escopetas al hombro

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No ha comenzado bien la temporada de caza menor que se abría ayer domingo en toda la provincia de León. El día amanecía con una ligera neblina en la montaña pero con niebla densa en la zona sur, donde se caza la perdiz «a rabo».

28/10/2013 | Diario de León

Hasta las doce del medio día no se daban las condiciones de visibilidad suficientes para cazar con cierta seguridad, pero en estos días oscuros localizar los bandos de perdices resulta complicado. Por si esto no fuera suficiente las últimas y copiosas lluvias han dejado el terreno impracticable en las zonas de sembrados y de barbecho, no tanto en las pajas y holgados donde se camina algo mejor. Con un kilo de barro en cada bota y buscando los senderos del campo perseguir a las «patirrojas» resulta complicado.

Se ha cazado realmente poco en esta primera jornada. Bien es cierto que hay aficionados que han levantado algunos bandos de perdices, pero sin poder perseguirlas en condiciones. Tampoco parece que nos encontremos en una temporada medianamente aceptable, especialmente en los campos de secano de la zona sur, tradicionalmente los mas perdiceros. Ni en Valderas, ni en Sahagún de Campos ni en Valencia de D. Juan y Oteros se han visto las perdices que debería de haber en una apertura de la temporada. Algo mejor en la zona de Valdebimbre y también en la Sobarriba, donde se han volado buenos bandos. En la montaña si han criado las perdices, pero cazarlas aquí requiere unas «piernas» especiales. Además cuando caigan las primeras heladas a estas perdices de montaña parece que se las traga la tierra.

En el lado positivo tendríamos que hablar de la liebre y del conejo de monte. Se han visto liebres y, en los acotados donde se permite su caza, ya que en muchos todavía permanece vedada, se han cazado «rabonas». También los galgueros han podido presenciar buenas carreras a pesar de la niebla. En cuanto a los conejos han criado bien y se han cazado relativamente bien, tanto a este lado del Manzanal como en la comarca berciana. Cada vez más se impone la sensación de que el conejo de monte será la caza del futuro en detrimento de la perdiz que no levanta cabeza. Ni que decir tiene que la emoción de tirar a la perdiz no tiene comparación con ninguna otra pieza cinegética menor.


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