Bruselas // Europa también aprieta el gatillo

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Las armas pequeñas, que es como se denominan pistolas y ametralladoras, causan la muerte de 1.000 personas cada año dentro de las fronteras de la Unión Europea, según la Comisión.

25/11/2013 | El País

Cecilia Malmström, comisaria de Interior, ha lamentado el “preocupante silencio” sobre el uso y tráfico ilegal de armamento ligero en territorio comunitario. Según la política sueca, mientras el debate en Estados Unidos es bastante visible, los europeos “deberían centrarse en el frente interno”.

Bruselas quiere aprovechar la ocasión para endurecer las normas comunitarias, a pesar de que la UE tiene las leyes más exigentes en cuanto a armas ligeras: “Ni el Estado más restrictivo de EE UU se acerca al más permisivo de la UE”, señala Marcus Wilson, miembro de la Organización para la Reducción de la Violencia Armada (ARV en inglés).

Para asegurar que pistolas y rifles no terminan en manos de criminales “hay mucho trabajo que hacer en Europa”, porque las divergencias entre las legislaciones de los Estados miembros crean lagunas que el crimen organizado y el terrorismo aprovechan para obtener armas y munición, opina Bruselas. La industria y las asociaciones de cazadores dudan de las cifras y se oponen a una ley más severa que pueda perjudicar sus actividades.

Cada vez que se abre el melón legislativo para restringir el acceso a las armas pequeñas de forma legal, la UE se encuentra con la oposición de la industria y los amantes de la caza o los deportes de tiro. Hace aproximadamente un año, la comisaria Malmström afirmó que “las armas legales en la UE alimentan el mercado ilegal”. La Federación de Asociaciones de Caza y Conservación (FACE en inglés) no está de acuerdo con esa afirmación y lamenta que Bruselas quiera legislar “bajo el falso pretexto de que existe un nexo entre ellas”.

En la UE hay medio millón de armas de fuego robadas o perdidas, y la mayoría procede de uso civil, según el Sistema de Información de Schengen. El portavoz de la FACE, Manuel Esparrago, tiene “muy serias dudas” acerca de esta cifra, porque “se ha elaborado a través de datos de ONG y no consultando la información oficial de la que disponen los Estados”. Cuando han solicitado más precisión sobre los números, toda la respuesta que han recibido ha sido una “vaga referencia oral”. La FACE, que representa al mayor grupo de propietarios de armas legales de la UE —siete millones de cazadores—, se queja de que a pesar de haber pedido su inclusión en el grupo de expertos al que la Comisión consultará para elaborar una nueva propuesta de legislación, ha sido rechazada.

Los cazadores, como indica Esparrago, se muestran “profundamente decepcionados y preocupados” por lo que consideran leyes al servicio de “objetivos políticos”. Entre las posibles novedades, podría dificultarse el acceso a determinadas armas y otras, como las semiautomáticas, incluso se prohibirían, lo que afectaría a los cazadores españoles. La Asociación Armera (AA) española lamenta esta decisión, porque el 70% de las armas que utilizan los cazadores españoles son semiautomáticas. Su gerente, Marta Gómez, denuncia que el endurecimiento de las leyes, vaya “siempre” dirigido a empresas y usuarios que actúan de acuerdo a la legalidad. Entre otras cosas, porque se trata de un mercado ya en declive —por razones culturales, el número de cazadores va descendiendo con las nuevas generaciones— y más restricciones podrían tener consecuencias negativas sobre el empleo de una industria que da de comer a algo más de 2.000 trabajadores en España. “Los cazadores ya están saturados de restricciones y si hubiera más, muchos se retirarían”, alerta la gerente.

Todas las sugerencias de Bruselas van encaminadas a armonizar las leyes nacionales. Uno de los planteamientos es que los países europeos se pongan de acuerdo en cómo marcar el armamento hecho a mano con números de serie, de forma que faciliten a las fuerzas de seguridad la identificación de armas usadas por criminales. Para mejorar la identificación, Jacob Parakilas, de la ONG Acción sobre la Violencia Armada (AOAV, en sus siglas en inglés), sugiere estampar números de serie microscópicos en diferentes componentes o incluso “que el arma imprima ese número en cada casquillo cada vez que dispara”.

También cabe la posibilidad de que Bruselas obligue a instalar sensores biométricos en todas las armas para asegurar que las utilizan exclusivamente sus propietarios. Estos sensores permiten identificar al dueño de un arma empleando sus características biológicas, como el pulso o la huella dactilar. “Es de ciencia ficción”, lamenta el portavoz de FACE. Gómez advierte de que los sensores no evitarían el tráfico ilegal, porque “seguramente” quienes se dedican a ello sabrían desactivarlos.


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