Asturias // «Qué hacer si te encuentras un oso»

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En los 90 la urgencia era evitar la desaparición del oso pardo cantábrico. Desde 1995 el censo de hembras con crías aumenta a un ritmo del 10% anual en la subpoblación occidental.

17/05/2014 | El Comercio Digital | R. MUÑIZ

La oriental sigue en riesgo, aunque lleva tres primaveras con cuatro nuevas osas con esbardos, un récord para Picos de Europa y alrededores. La tendencia hace que cada vez resulte más frecuente el tropiezo del oso y el humano en los montes de la región, coincidencia que está planteando nuevos debates.
«Qué hacer si te encuentras un oso». Ésa es la cuestión que abordan las guías distribuidas entre los cotos de caza en los últimos años. También la documentación disponible en algunas oficinas de turismo de los Parques Naturales. Entre los consejos se cuenta no aproximarse a las crías, pues cerca andará una madre no siempre de buen humor; por el mismo motivo está prohibido ir con el perro suelto, no vaya a jugar con quien no debe; por tentador que resulte tampoco es aconsejable entrar en un agujero descubierto en las rocas, por si resulta ser una osera. «A veces el viento sopla a tu favor y tú avistas al animal antes que él a ti; en esas circunstancias lo peor que puedes hacer es quedarte quieto esperando sacar una buena foto» -explica Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP)- «recomendamos ahí hacerte notar, moviendo los brazos pero sin resultar amenazador y, si el animal no busca otra ruta, mejor apártate tú de ella».
La convivencia de osos y humanos es habitualmente pacífica, pero no exenta de sorpresas. Los apicultores de Palencia dicen que los ataques a sus colmenas se han triplicado en los últimos años. En 2008 un cazador de Lérida salvó la vida por poco, tras el ataque de un animal. Una pareja de turistas madrileños metió en su coche a ‘Villarina’ en junio de 2008 y finalmente el animal pudo volver a la naturaleza. Con ‘Molina’ no hubo la misma suerte.
Estos episodios están forzando a la Administración a plantearse cómo responder. Coordinados por el Ministerio de Medio Ambiente, las comunidades y los especialistas ultiman un protocolo de intervención. El borrador aún en elaboración sugiere quitar los contenedores de comida si atraen a osos golosos, espantar con gritos, petardos, balas de goma o de mostaza disparadas a los cuartos traseros a los animales que frecuenten núcleos humanos. En Francia, Italia o Grecia existen protocolos similares.
Se trabaja así en persuadir al animal para que se mantenga en su lugar, pero también en controlar que la parte humana cumpla el trato y no pise zonas indebidas. Esta contraparte ha obligado en los últimos meses a acotar los recorridos de pruebas de atletismo tipo DesafíOSOmiedo, que repite este agosto.
El debate está ahora en el turismo osero, expediciones que aspiran a retratar al animal en la naturaleza. En 2008 un touroperador británico organizó los primeros viajes de esta índole a Somiedo, causando gran polémica. Hoy resulta habitual encontrar turistas con esperanza de fotografiar al animal. «La mayoría actúa con sentido común, pero conviene regular esta actividad; que la gente no se disperse. Hay ocho o diez puntos en Somiedo y el Alto Narcea que serían buenos para ello», propone Palomero.


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