Asturias // Los jabalíes toman la calle

¿Lo compartes?

Una encuesta internacional, con participación asturiana, confirma el aumento de la presencia de la especie en zonas urbanas y destaca la necesidad de combinar medidas preventivas y de control.

02/10/2013 | La Nueva España

El jabalí es una especie cada vez más frecuente en las periferias urbanas. Esta circunstancia deriva de una conjunción de circunstancias: el abandono del campo, la expansión urbanística y la propia capacidad de supervivencia de este animal: duro, ecológicamente muy flexible, oportunista, prolífico y con pocos enemigos naturales. Es un fenómeno reciente en Asturias, pero en otros lugares, como Pamplona y Vitoria, se conoce desde hace más de medio siglo; en la mayoría de los casos, la colonización de este medio se produjo entre 1992 y 2007. Con independencia de la antigüedad de esa asociación, la impresión general de los expertos es que la presencia de jabalíes en las ciudades va en aumento y, paralelamente, crecen los problemas asociados a ella. Así se ha puesto de relieve en el reciente congreso de la Unión Internacional de Biólogos de Caza celebrado en Bruselas a finales del mes de agosto, donde se dieron a conocer los resultados de una encuesta internacional realizada en 23 países sobre la gestión del jabalí en paisajes humanizados. Uno de los encuestados fue el zoólogo Carlos Nores, profesor en el departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo y autor de varios estudios sobre el jabalí.

Los factores que favorecen la presencia de jabalíes en el entorno de las ciudades varían en razón de las propias características del medio físico, de su grado de urbanización y de la presión cinegética que sufra la especie. Para sistematizarlos, los expertos han calculado un índice de impacto global que señala tres variables principales: el fácil acceso a comida y agua en esas zonas, la superpoblación de jabalíes y la expansión urbanística. Al primer factor se asocia un efecto de refugio, debido a la mayor estabilidad de los ambientes urbanos (lo que hace más constante y predecible la localización de recursos) y a su carácter no cinegético. En regiones como Asturias, donde las fronteras entre las áreas urbanas, rurales y naturales son difusas, el acceso de los jabalíes a las ciudades es más fácil, en particular si disponen de «pasillos» por los que desplazarse, como ríos, arboledas y carreteras. La frecuencia de esas incursiones aumenta cuando las personas les dan de comer. A su vez, esa habituación fija las poblaciones periurbanas y hace que los jabalíes se vuelvan indiferentes a la gente. En cuanto a los recursos que los atraen, son los de origen natural los que tienen más peso, seguidos de los vegetales que crecen en los jardines y, secundariamente, de la basura.

La alimentación y, más concretamente, la forma de obtención del alimento es la principal fuente de conflictos, el impacto más recurrente y extendido. El jabalí causa importantes daños en cultivos (huertas, plantaciones de cereal y árboles jóvenes) y destroza prados y céspedes al hozar en busca de lombrices, tubérculos y otros alimentos. En ocasiones, incluso rompe vallas y sistemas de riego. Sin embargo, el problema más grave son las colisiones con vehículos, y en Asturias ocurren con frecuencia. Los jabalíes son animales voluminosos y los choques con automóviles ocasionan importantes daños materiales y pueden tener consecuencias fatales. No son comunes los incidentes con personas, pero el miedo a que se produzcan está generalizado. Asimismo, existe temor al jabalí como vector de enfermedades, y a este respecto se ha constatado el contagio de la bacteria E-coli en aguas de consumo humano. La presencia de jabalíes en las áreas periurbanas, y por tanto la conflictividad, no es homogénea a lo largo del año, sino que varía estacionalmente en regiones templadas como Asturias, donde los valores más altos se registran al final del invierno, cuando el alimento disponible en los ambientes naturales es mínimo, y en otoño y al inicio del invierno, durante la temporada de caza, cuando las ciudades se convierten en refugios seguros.

Hasta aquí los términos del problema. ¿Cómo afrontarlo? El control de la población de jabalíes es una respuesta generalizada, aunque varías los sistemas para ejercerlo: desde distintas modalidades de caza hasta veneno, pasando por métodos contraceptivos. En el 72 por ciento de los casos recogidos en la encuesta se utiliza el trampeo en vivo, principalmente para translocación o suelta de los animales en otro lugar no conflictivo, y en ocasiones para su eliminación. La caza, mediante batidas específicas en las áreas afectadas o a través del aumento de los cupos en los terrenos cinegéticos circundantes, es eficaz, aunque a menudo encuentra oposición entre los residentes, por motivos de seguridad o de sensibilidad. Los noruegos han recurrido a una persecución incruenta, que consiste en efectuar disparos al aire para asustar a los animales, y en Francia se han utilizado puntos de alimentación disuasorios.

La regulación de las poblaciones de jabalí puede mantener el problema bajo control, especialmente si se combina con medidas de prevención: vallar las carreteras y construir en ellas pasos de fauna, limitar la velocidad en las zonas más problemáticas (las de mayor densidad de fauna), cerrar con pastores eléctricos las zonas verdes y cultivadas, y sancionar a quien dé de comer a los jabalíes.


¿Lo compartes?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *