Armas deportivas

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Juan Antonio Sarasketa – 04/08/2015 –

Para muchos profanos en el manejo de las armas deportivas, todo lo que rodea esta herramienta supone un peligro latente con solo tenerlas en las manos por muy descargadas que estén. Y lo entiendo porque generan peligro, pero sobre todo desconocimiento. Algo que no acontece con los coches aunque tenga tanto o más peligro. El hecho de estar familiarizado con él hace que no se le considere como tal. Se suele decir que de una escoba salió un tiro y está bien porque a base de tanto repetirlo parece que hasta es cierto y las medidas de precaución con las armas siempre es bueno que estén siempre presentes. Si bien todo lo que se relaciona con las armas se exagera o menosprecia, y no me parece bien. He nacido encima de una fábrica de escopetas y es posible que cuando otros niños desconocían, lógicamente, lo que es en realidad un arma de fuego, yo me entretenía viendo como las fabricaban. Desde la conciencia de un niño nunca pensé que un arma pudiera ser peligrosa y me parecía disparatado cuando alguien manifestaba ese temor histórico poniendo toda clase de férreas prohibiciones cuando algún joven ponía un dedo encima de un arma. Evidentemente no soy quien para criticar esa actitud porque creo que resulta ineficaz ya que un día ese niño será un hombre y hará lo que quiera. Porque uno puede ser tan imprudente a los 15 como a los 40 años. Entiendo que es mejor que al descubrir esa afición por las armas no se le corte irracionalmente, sino que se le eduque en el perfecto uso prudente en relación a su edad. De forma que años más tarde, no sea un peligro para sí mismo y para los demás. Recuerdo ese aforismo que dice “La causa de la causa no es causa del mal causado”. Con él tratamos a veces de lavar una responsabilidad que se remonta a hechos que pretendemos dejar para no cargarlos a nuestra conciencia. El peligro en el manejo de una escopeta está dirigido normalmente hacia una tercera persona por aquello de la longitud de los cañones. Muchas veces durante la práctica de la caza el peligro se olfatea, pero “con un tendré cuidado” se silencia el temor. Ese “tendré cuidado” es peligroso, porque si el peligro por el lugar o condiciones del disparo existe, tener por seguro que vuestra vigilancia cederá y entonces tu buena suerte quedará colgada de un hilo tan fino como tu esperanza. No confíes tampoco en esos tiradores exhibicionistas que se creen poco menos que el Santo Santórum de los cazadores. Si cazas con esa gente correrás siempre peligro. Y aunque un accidente nos parezca imposible que nos pueda suceder, recuerda que todos estamos en la misma lista y que los errores humanos nunca son comunes.


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