Almería // Cazadores de toda Andalucía, de montería en el coto de Bacares

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Cuando aun la gente del pueblo no había empezado a desperezarse, decenas de cazadores ya se concentraban en la plaza nueva ilusionados por iniciar esa primera jornada de caza mayor que inauguraba la temporada.

14/10/2013 | El Almería

La veda se abrió el pasado sábado para casi 40.000 cazadores en la provincia de Almería. Unos café en mano y otros con el tradicional desayuno antesala a un buen día de campo, basado en dulces típicos de las abuelas, ponían los rifles a punto y cargaban de balas sus cananas. A las ocho de la mañana era la primera reunión y a las diez el sorteo de los 55 puestos que se habían preparado a conciencia en el paraje de Las Mesas, La Alfraguara y La Tetica. Antes de salir camino de la sierra, uno de los socios del coto, Domingo Barrachina, tuvo palabras de recuerdo para uno de los antiguos presidentes de la Sociedad de Cazadores de Bacares, Ramón Villanueva, fallecido recientemente y un gran enamorado de la cinegética y de la naturaleza. Y para prevenir incidentes, un repaso a las normas básicas de una cacería en la que participan tantos aficionados. “Solo se pueden abatir ciervos, ciervas y jabalí. Veremos macho montés y cabras, pero como bien digo solo los veremos. Hay que respetar las cintas y no salirse del puesto, pues solo de esta forma estará garantizada la seguridad”. Estas son las palabras que dirigió Domingo Barrachina a los monteros y rehaleros que esperaban ansiosos el sorteo.

La montería se desarrolló en casi mil hectáreas de terreno propiedad del coto de Bacares, donde según los entendidos, habitan rebaños enteros de ciervos de la mejor calidad del país. Y para muestra un botón. Los trofeos abatidos otros años en esta zona han sido galardonados con medalla de oro y han enamorado a aficionados y profesionales llegados de otros países europeos e incluso del continente americano. A primera hora las expectativas eran muy buenas, pero al término de la jornada, la realidad superó a la ficción. Todos acabaron contentos y la mayoría con algún animal abatido que se suma a sus marcadores personales. En el lote entraba un ciervo, una cierva y jabalí libre. En total fueron 15 jabalíes, 4 ciervas y 8 ciervos las reses que se presentaron en la junta de carne, pero no el total de las que cayeron en esta primera jornada organizada por la Sociedad de cazadores Tetica-Layón de Bacares. Y es que como aseguraban Amador y Emilio “han caído muchos venados que no se han podido sacar del barranco por la dificultad del terreno y el esfuerzo que suponía”. Según la previsión de los monteros, al menos una decena de ciervos se han quedado en el campo.

Los cazadores afinaron la puntería, pero el éxito también fue gracias al trabajo de las rehalas y rehaleros que sacaron de sus lechos a los adormilados animales que se ocultaban entre pinos y barrancos de muy difícil acceso. Pero sin lugar a dudas, como bien destacaron los miembros de la directiva del coto, “el mayor éxito es que no ha habido que lamentar ningún incidente y que hemos pasado un buen día de campo y de convivencia entre aficionados a uno de los deportes más antiguos de este país”.

En el Cortijo de La Loma, encaramado en lo más alto del cerro y con vistas al pueblo y a los cuatro barrancos que lo rodean, las reses empezaban a llegar pasadas las 17:00 horas de la tarde. La junta de carne se prolongó durante tres horas, donde los cazadores aprovechaban para hacerse fotos con sus presas y comentar la jornada con los demás participantes en la montería mientras los veterinarios analizaban las muestras de cada trofeo. Y como colofón a una cacería que muchos calificaron “de lujo”, por la cantidad y calidad de animales que entraron en las armadas, los monteros y rehaleros pudieron disfrutar de un exquisito menú campero en el Hotel Restaurante Las Fuentes de Bacares, que ya inicia su temporada gastronómica con elaborados manjares y todo tipo de carnes de presa y productos típicos de la sierra que le rodea en invierno.

La Sierra de Los Filabres se convirtió el pasado fin de semana en el centro neurálgico de la cinegética almeriense, pues ademas de la propia actividad, el evento generó un notable movimiento turístico. Ambos van de la mano.

A las once de la mañana los todoterrenos ponían rumbo al monte. Ordenados y perfectamente organizados se iban distribuyendo cada cazador en sus puestos, la mayoría con los nervios a flor de piel y con las expectativas muy altas.

La cacería comenzó colocando a los cazadores o monteros en una serie de líneas de puestos ocupados por aquellos, (también llamadas armadas) de forma que se cierra -aunque existe siempre un escape para los animales- un área de un coto de varios cientos de hectáreas, que comúnmente se denomina mancha. Las armadas pueden estar colocadas en la parte más alta del terreno (cuerda), en la más baja (sopié), atravesando la mancha (traviesa) o en medio de la misma.

La montería se inició con la denominada suelta de rehalas, que son conjuntos de perros (normalmente mínimo 16 canes) cuya misión es batir la mancha, conducidos por el rehalero o perrero en diversas direcciones y con el objetivo de localizar a las piezas de caza y conducirlas hacia las armadas, donde estarán los monteros dispuestos con sus rifles para abatirlos. La suelta se realiza desde uno o más extremos determinando del área a cazar o desde más de uno. Así, los perros comienzan a ‘mover’ a los jabalíes y ciervos hacia los cazadores.

En este punto hay que advertir que, aunque parezca una modalidad fácil y con un alto porcentaje de acierto, la realidad es que es más bien difícil. En primer lugar, hay que estar en silencio y muy atentos en los puestos, pues en no pocas ocasiones los animales entran en los puestos sin haber dado señales de alerta a los cazadores, o no entran porque han detectado algún ruido o con el olfato. En segundo lugar, porque suelen pasar por la línea de tiro en movimiento, corriendo, lo que exige del cazador rápidos reflejos y una buena puntería. Ofrece posibilidades reales de escapatoria a jabalíes y venados. La montería finaliza cuando, a una orden del capitán de montería (director de la cacería) los perreros hacen tocar sus cuernas, indicando a los canes que deben acudir a la llamada y, por otro lado, haciendo saber a los monteros que la cacería ha llegado a su fin.


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