Una activista trata de concienciar a los europeos de los perjuicios que tiene la prohibición de la caza de focas

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Los indígenas son parte del medio ambiente y nadie como ellos conoce el equilibrio natural: una vivencia que el resto de la humanidad ha perdido con su incorporación a las grandes ciudades y que reivindica la activista y abogada inuit y canadiense Aaju Peter. 

22/2/2017 | EFEVERDE

La abogada y activista inuit Aaju Peter en el Museo de Antropología de Madrid. EFE/Lourdes Uquillas
La abogada y activista inuit Aaju Peter en el Museo de Antropología de Madrid. EFE/Lourdes Uquillas

Aaju Peter ha visitado Valencia, Barcelona y Madrid para hablar de “El Ártico: un universo desconocido a la luz de las mujeres”, donde ha asegurado a la Agencia EFE en una entrevista mantenida en el Museo de Antropología, que su propósito es “concienciar” a los europeos sobre los perjuicios que tiene para su cultura ancestral la prohibición de la caza de focas.

Prohibición de la caza de focas

En 1983, “el Parlamento Europeo prohibió la caza de focas y no hemos cazado desde entonces”, pero las imágenes que “nos han perjudicado siguen siendo publicadas” por los grupos animalistas, a los que acusa de moverse por “intereses económicos”.

Aaju Peter es de baja estatura, con un espíritu calmado pero muy vital, de tez morena y rasgos propios de los inuit. Se tatuó el rostro y las manos hace doce años para “recuperar una tradición de sus antepasados”, cuando redescubrió sus orígenes al llegar a Canadá desde Dinamarca, donde estudió Derecho.

Esta activista imparable recibió en 2013 la medalla del Orden de Canadá por la defensa de los derechos de los inuit, pero se lamenta que su comunidad se encuentra muy lejos de los centros urbanos y la participación en las actividades de organizaciones de defensa de su territorio es escasa.

“Vivir en el Ártico nos hace muy pacientes”, cualidad que le ayuda a no desistir en su lucha para que los europeos conozcan “su verdad”, no la que se ha difundido en los medios por parte de los grupos animalistas” sobre caza de focas, una “tradición ancestral y fundamental” para la supervivencia entre los inuit y que quiere que no se pierda, ya que ellos son la última generación de cazadores.

Ha señalado que esas agrupaciones “han destruido nuestra forma de vida, nuestra economía y no les importa. Vivimos muy lejos y nadie nos va a escuchar”.

Sobrepoblación de focas

Las focas les proporcionan alimento, aceite y piel para elaborar sus ropas. Actualmente existen “más de diez millones de ejemplares que se alimentan de diez millones de toneladas de peces” y sus restos no son aptos para el consumo humano. “Es insostenible tener demasiados animales, es una cuestión no solo cultural sino también económica y medio ambiental, porque se pierde el equilibrio natural”, asegura Peter. 

En el diálogo mantenido en el Círculo de Bellas Artes de Madrid sobre el universo inuit, junto a la etnóloga Michèle Therrien, explicó que su cultura está basada en la transmisión oral de sus historias y “muy relacionada con el medio ambiente, con el canto de los pájaros y sonidos de los animales”.

Pérdida de prácticas culturales

“Si no ríes, el medio ambiente no está bien”, ha afirmado y ha añadido que la cultura inuit ha sufrido mucho y ciertas prácticas originarias han desaparecido desde los años 50 cuando fueron trasladados a centros estatales por los gobiernos de turno con el propósito de “culturirzarles” y evangelizarles. “Tenemos nuestras propias creencias, pero a finales de 1800 y principios de 1900 llegaron los cristianos y los niños eran duramente reprendidos cuando practicaban nuestra cultura”, comenta la activista. 

Artista y artesana inquieta, Aaju Peter, ha explicado que los estudiantes reciben educación en inglés porque no disponen de profesores de inuktitut -sobre todo para los cursos superiores-, sin embargo, aún hay algunos mayores que visitan los centros escolares para contar historias de su cultura, a pesar de no disponer de suficientes fondos para ello.

Ha reclamado la apertura de una universidad en la zona del Ártico de Canadá, ya que los otros territorios donde viven sus conciudadanos -Rusia, Groenlandia y Alaska- la tienen, de esa manera los jóvenes no tendrían que desplazarse al sur, a “universidades de blancos”.

Política de integración

Sobre la apertura a la integración de los inuit del actual gobierno del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, ha manifestado que “hay mucho por hacer pero la actitud es buena en principio”, pero “no se invierte lo suficiente”.

De los efectos del cambio climático y el deshielo del Ártico, ha manifestado que no le consta que se esté “preparando a los inuit para ello, no somos proactivos”.

Su incesante lucha la llevó a participar en el filme “Angry Inuit” con la que los espectadores se “sienten engañados por los grupos animalistas”, y ha explicado que desde 2007, cuando empezó sus periplos por Europa, una joven la ha seguido y recogido sus testimonios.

Ha explicado que la Organización Nacional de Mujeres inuit y el Consejo Nacional inuit, que se reúne cada cuatro años, trabajan con otras organizaciones indígenas, y gracias a la conexión de Internet han podido ampliar esos contactos.

El ritmo de vida actual, ha asegurado, no permite a las mujeres aprender la elaboración de los atuendos típicos de los inuit, aunque defiende que si las niñas lo ven desde muy pequeñas, como su nieta que ha presenciado en sus labores a su abuela y a su madre, lo cogen con interés. “Ella con seis años se ha hecho sus primeras zapatillas”, ha contado su orgullosa abuela, madre de cinco hijos. 


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